Autora del artículo: Julia D. psicóloga clínica y psicoterapeuta con más de 20 años de práctica.
Por qué escuchamos cada vez más sobre las emociones y por qué importan
No hace tanto tiempo, mostrar emociones se veía como algo que estorbaba, o incluso como algo inapropiado: las emociones debían controlarse, reprimirse o simplemente ignorarse. Y si te atrevías a mostrarlas, muchas veces se veía como mala educación y se juzgaba. El pensamiento racional se consideraba la herramienta principal: “piensa de la manera correcta, actúa de la manera correcta, y tendrás el resultado”.
En el mundo de hoy, el foco ha cambiado bastante. Las emociones se han convertido en algo de lo que hablamos, que estudiamos y a lo que prestamos atención — y hay motivos para ello. Esto refleja el conocimiento que hemos ido acumulando sobre cómo funcionan nuestra psique y nuestra fisiología, y sobre cómo una persona responde al mundo exterior y toma decisiones.
Siempre hay una emoción entre un pensamiento y una acción
En la lógica clásica, el comportamiento parece lineal: primero aparece un pensamiento y después viene una acción. En la vida real, este esquema nunca funciona de una forma tan directa. Siempre hay una emoción entre una cosa y la otra.
Son nuestras emociones las que determinan:
⁃ si una persona se acerca al contacto o da un paso atrás
⁃ si dice algo o se queda en silencio
⁃ si asume un riesgo o elige la opción más segura
La cuestión es que una emoción no es un “efecto secundario”. Es una señal, un indicador y, al mismo tiempo, la energía que nos mueve hacia la acción. Responde a dos preguntas principales: ¿qué me está pasando ahora y qué debo hacer con esto?
Cuando una persona no reconoce sus emociones, pierde el acceso a esas respuestas. Aparece un estado que mucha gente describe como una especie de “niebla”:
hay tensión, incomodidad, una sensación de que algo no está bien, pero no queda claro qué está pasando exactamente ni qué hacer con ello. En este estado suelen aparecer dos extremos: o reacciones impulsivas, o bloqueo y evitación.
Por eso trabajar con las emociones no es simplemente “hablar de sentimientos”. Es aprender a orientarte en tu propia vida. Cuando una emoción se percibe y se nombra, deja de controlar la conducta desde dentro. Se convierte en información sobre ti y sobre tu vida, en una señal de que algo importante está ocurriendo.
Por ejemplo:
⁃ la irritación puede señalar sobrecarga o límites cruzados
⁃ la ansiedad puede señalar incertidumbre y falta de apoyo
⁃ el resentimiento puede señalar expectativas no expresadas
⁃ la tristeza señala una pérdida
En este punto, por fin aparece algo de espacio para entender que algo está pasando en mi vida, y que vale la pena prestarle atención.
Por qué la reflexión es necesaria
Entender las emociones no ocurre automáticamente. Para eso hace falta una habilidad aparte: la reflexión. La reflexión es la capacidad de detenerse y hacerse algunas preguntas claras:
⁃ ¿qué estoy sintiendo ahora?
⁃ ¿qué situación despertó esto?
⁃ ¿qué puede estar intentando decirme esta emoción?
⁃ ¿qué está señalando esta emoción, y qué acción tendría sentido?
Sin estos pasos, la emoción sigue siendo solo una reacción y continúa influyendo en el comportamiento, muchas veces no de la forma más eficaz.
Justamente por eso el tema de las emociones se ha vuelto tan relevante hoy.
Muchas herramientas en tu vida — metas, planes, disciplina — pueden no funcionar si no hay una sintonía interna.
Y las emociones son una parte esencial de ese ajuste delicado de la vida.
En mis muchos años de trabajo con clientes, puedo ver con claridad cómo cambia la relación de una persona con sus emociones cuando hay más comprensión y un enfoque sistemático. Las emociones empiezan a verse como una señal importante, una pista en las experiencias y los conflictos de la vida.
Una herramienta que puede ayudar a desarrollar la reflexión es registrar con regularidad los estados emocionales y las experiencias.
Al principio parece simple:
- “irritación”
- “cansancio”
- “ansiedad”
Pero, después de poco tiempo, empieza a aparecer una estructura:
- emociones que se repiten en las mismas situaciones
- una conexión entre emociones y ciertas personas o formas de interacción
- una comprensión de qué estados llevan a acciones poco eficaces
Por ejemplo:
- una persona nota que, antes de conversaciones importantes, la ansiedad aparece una y otra vez — y evita el contacto
- o que la irritación al final del día no está realmente relacionada con otras personas, sino con la sobrecarga
Para este tipo de trabajo regular, puedo recomendar la app Sphera. Es un diario de emociones y rastreador de emociones creado no como un rastreador del estado de ánimo para simplemente marcar un ánimo “bueno” o “malo”, sino como una herramienta que ayuda a la persona a aprender, poco a poco, a reconocer sus estados emocionales con más precisión, notar las situaciones en las que aparecen y entender sus reacciones ante ellos.
En el trabajo independiente con las emociones, una de las principales dificultades es la constancia. Puedes reflexionar profundamente una vez, entender muchas cosas sobre ti mismo, pero si no vuelves a ello con regularidad, la habilidad no echa raíces. La conciencia emocional no se construye a través de una sola revelación repentina, sino mediante la repetición: notar el estado, nombrarlo, vincularlo con una situación, observar tu reacción y, poco a poco, empezar a detectar patrones. Desarrollar la conciencia emocional puede compararse con el fitness: si no haces el trabajo, no habrá resultado.
Sphera ayuda a hacer este trabajo más regular: te recuerda hacer una pausa y observar tu estado actual, registrar tus emociones y, poco a poco, construir el hábito de observarte a ti mismo. Esto hace que empezar sea más fácil: la persona no necesita descubrir desde cero, cada vez, por dónde comenzar a reflexionar; la app ya le da una estructura al proceso.
Lo que me importa aquí es que la app no ofrece diagnósticos preparados ni consejos universales. Ayuda más bien a la persona a construir el hábito de observarse: ¿qué estoy sintiendo, con qué intensidad, qué pudo haber despertado esto, cómo suelo reaccionar? Esa es exactamente la base desde la que empieza la reflexión.
Sphera utiliza un enfoque basado en 6 emociones básicas. Para principiantes, esto es especialmente útil, porque al comienzo del trabajo con uno mismo, los estados emocionales complejos muchas veces se sienten confusos: “me siento mal”, “me sobrepasó”, “no entiendo qué me está pasando”. Cuando una persona empieza con un sistema más simple y más claro de emociones básicas, resulta más fácil orientarse: ¿esto tiene más que ver con la ira, el miedo, la tristeza, el asco, la sorpresa o la alegría? Y, a partir de ahí, se vuelve posible avanzar gradualmente hacia una comprensión más profunda de los propios sentimientos, necesidades y reacciones.
Cuando existe un lenguaje para describir una emoción, también aparece la posibilidad de hacer algo con ella.
Después de estas observaciones, algo en la vida ya puede empezar a cambiar. A veces, el trabajo independiente en una app puede “ahorrar” varios meses de trabajo con un psicólogo, porque la app ayuda a organizar los datos y a construir la conciencia como un hábito.
El siguiente paso ya es un cambio de comportamiento. A partir de los resultados de tu reflexión, aparece espacio para experimentar. Por ejemplo, prepararte con anticipación para situaciones difíciles, cambiar el formato de la interacción, formar el hábito de hacer una pausa en lugar de reaccionar automáticamente, ayudar a construir límites, y así sucesivamente.
Y el cambio más importante es que desaparece la sensación de caos. La persona empieza a ver la lógica de sus propias reacciones. Y, en ese momento, las emociones dejan de percibirse como un problema. Se convierten en un sistema de orientación.
Julia D. es psicóloga clínica y psicoterapeuta con más de 20 años de práctica, docente y supervisora en el método de Psicoterapia Positiva, Master Trainer de WAPP, titular del Certificado Europeo de Psicoterapia y miembro activo de WAPP. https://juliadremina.ru/
